Maricas de pueblo y clichés rurales

Es tentador hacerse el ciego-sordomudo (a lo Shakira) en estos días arcoíris para asumir que no importa tu código postal en todas las celebraciones del Orgullo de este finde.  

Pero sacar a pasear la pluma por Chueca no es lo mismo que por las calles empedradas de tu pueblo. Donde  llega el 4G y los memes activistas… no siempre cala el discurso LGBTI.

Si te has criado en un PUEBLO… sabes perfectamente de lo que estamos hablando.   

Así que prepárate y abróchate el cinturón que en el post de esta semanita nos vamos de escapada (la que yo te daba) rural para abordar los clichés más manidos (que no por ello menos vigentes) de toda marica rústica que se precie. 

Marica de pueblo: clichés y etapas de supervivencia

1. “... el pequeño de la Manoli”

No eres de pueblo si nunca te han interrogado señoras mayores 👵🏼 a punta de “¿y tú de quién eres?”.   

Es lo que tiene echar raíces en un lugar con menos calles que el Monopoly y donde la genealogía y la intrahistoria son una novela más apetecible que Café con Aroma de Mujer a las 4 de la tarde de un domingo.   

Por eso, salir del armario en el pueblo… es salir con toda tu familia, con los vecinos, con el carnicero, con los del bar… y convertirse en el pregón involuntario de la feria.

2. Te llega el wifi, pero no los referentes

Cualquier adolescente de la España Profunda con una conexión medio decente tiene acceso a todos los referentes y discursos que quiera para poner su mundo patas arriba.   

Pero los TikTokers LGBT no caminan por las calles de tu pueblo. “Hubo un mariquita que se marchó a la ciudad, hubo otro que volvió con el tiempo a jubilarse…” . A  ti te faltaron amigos queer, compañeros bi, novios… espejos donde mirarte y descubrirte a ti mismo como iban haciendo el resto de chavales de tu edad.

3. Coleccionas fondos negros y fotos de torsos desnudos

Y con el despertar sexual y la descarga de apps de sexo tipo ‘aquí te pillo y en el huerto te cepillo’ se da un fenómeno rural curioso: a más distancia, menos caras e información fiable.   

Soy muy discreto tio…, no paso foto…, prefiero no decir… nadie sabe lo mío…   

El ‘buffet’ de la ciudad no se parece en nada al ‘menú resumido y anual’ (porque además no cambia) del campo.   Y además de cantidad de platos… rebajan un huevo el listón. No hablamos de ‘calidad’... sino de ‘peligrosidad’; porque muchos acaban quedando para echar un polvo con una gente… y en unos pajares… donde los americanos ya te habrían rodado 3 pelis de terror. 

4. En el pueblo, de puertas adentro  

Otro mantra (bastante castizo y folclórico) donde se va confundiendo intimidad y anonimato… con negación propia.   

Guardas silencio cuando alguien se mete con los mariquitas de la tele, cambias de tema cuando te preguntan por qué solo juegas con niñas, miras a otro lado cuando te intentan emparejar con una novia del pueblo de al lado…   

Por el no molestar, para que tu madre no sienta vergüenza del que dirán, porque tu abuela es demasiado mayor y no lo entendería… porque, en definitiva ‘no hace falta que nadie del pueblo sepa lo tuyo’   Y al final, a base de silencios, vas negando y, por ende, te vas negando a ti mismo.

5. Moderna de pueblo, paleta de ciudad

Generalizando (siempre) llega un momento donde decides salir del pueblo para ser; para experimentar sin el ojo comunal sobrevolando por encima de tu hombro.   

Hasta que descubres que ‘la ciudad’ más próxima no es el oasis de diversidad e inclusión que esperabas.   

‘Paleta, provinciana, marica de pueblo…’   

Vale que tu tinder se enriquece, pero no quizás la accesibilidad a nuevos círculos de confianza porque peña clasista y por las razones más dispares la sigue habiendo en todos los barrios.  

6. El pueblo: jaula y refugio

¿Existe vuelta del exilio rural? ¿del destino aparente y necesario de la huida? Pues salvo que la herida sea grave y todavía esté abierta… siempre.   

El pueblo nos conoce y nos protege.    

Nos vio nacer, crecer, tomarnos las primeras copas (si es en un pueblo de España, probablemente fueran demasiadas).   

Tu pueblo es parte de ti y tú siempre serás, de tu pueblo. Ahí conoces a gente de la que te fías, de verdad. Ahí hay gente que te conoce, de verdad.   

Y aunque fue un sitio difícil para ondear bandera y descubrirse, quizás con la edad tú también lo vas viendo todo como más diverso, más relajado, menos garrulo (empezando por ti).

Como bien dijo Paquita Salas: "Ha habido maricones toda la historia de la humanidad. Toda la HISTORIA… ¿No puede haber un maricón hasta en Puente Viejo?" 

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