Muchas cosas que hoy parecen “normales” empezaron siendo margen: el divorcio, internet, compartir piso con amigos, ir a terapia, la ropa ajustada o convivir sin casarse.
Empezaron siendo rarezas… para acabar siendo norma. Y por eso este quizá sea el mejor superpoder marica. El de crear futuros.
Ahora más que nunca.
Porque en tiempos de señores muy enfadados en Twitter, tecno-oligarcas, amenazas distópicas y catastrofismos medioambientales; la tentación es rendirse. Pensar que todo va a peor. Que ya está todo inventado. Que las cosas son como son.
Pero la historia marica, con todas sus heridas y todas sus fisuras, parece empeñarse en demostrar lo contrario: que siempre hay maneras creativas de reconstruir. Nuevas redes de cuidados; formas más amables de ser hombre, persona, familia y comunidad.
En definitiva: la capacidad de imaginar futuros bonitos cuando la cosa se pone un poco chunga.
Y en eso, permitidnos sacar un poco de pecho. Porque si algo sabemos hacer los maricas es crear cosas preciosas y luego convencer al resto del mundo de que también las quiera para sí.