1. La base: limpieza real
El olor corporal viene de bacterias, no del sudor en sí. Si no limpias bien ciertas zonas (axilas, pecho, espalda… cucu), el problema empieza ahí. Aquí es donde un jabón con buen olor y que deje la piel limpia de verdad marca diferencia.
2. Hidratación = duración
Poca gente habla de esto. La piel hidratada retiene mejor el perfume. La piel seca lo “evapora” antes y hace que tu perfume no tenga dónde agarrarse.
3. Dónde echar el perfume
Olvídate de rociarte al azar y mejor selecciona 3-5 puntos clave: laterales del cuello, detrás de las orejas, muñecas, pecho y punto. Piensa siempre esto: zonas con más calor corporal = mejor proyección de tu perfume
4. Cómo aplicarlo
Ni frotes las muñecas, ni te lo apliques sobre el cuerpo húmedo al salir de la ducha. Siempre con algo de distancia del cuerpo o zona y punto.
5. El truco que casi nadie usa: layering
Aquí está el salto de nivel. Si combinas productos con el mismo aroma (gel + perfume), el olor dura más, es más uniforme y se percibe más “natural”. Por eso todas las marcas sacamos en algún momento nuestra versión ‘jabón’ del perfume, jeje.