SUPERPODERES MARICAS

Ser de las siglas no es un superpoder. Pero por una vez al año lo vamos a romantizar.

Porque, si algo hemos aprendido después de unas cuantas décadas de películas de Almodóvar, canciones de Lady Gaga y conversaciones de terraza, es que quizá existen una serie de poderes queer que merece la pena reivindicar.

1. EL PODER DEL GPS INTERNO (O CÓMO ENCONTRAR CAMINOS SIN MAPA)

José Esteban Muñoz hablaba de lo queer como una promesa, como un futuro todavía por llegar. Y, aunque él lo explicaba infinitamente mejor, nosotros nos quedamos con una idea muy de brocha gorda: hay peña que empieza su vida con un plano de Ikea (naces, estudias, te casas, tienes 2,1 hijos y te jubilas) y otra que se monta los muebles y armarios sin instrucciones.
 

Sin demasiados referentes, ni ejemplos en los que inspirarse… desarrollando un cierto gusto por la exploración. O una tolerancia bastante alta a improvisar sobre la marcha.
 

Quizá por eso las familias elegidas, las amistades que son casi hermanos o formas más relajadas de entender la masculinidad no salieron de un comité de expertos ni de una academia, sino de personas haciendo pruebas, equivocándose y buscando sitio. Porque cuando no tienes mapa, acabas desarrollando brújula.

2. EL PODER DE VOLAR (FIGURADAMENTE, SE ENTIENDE)

Bell hooks hablaba del margen como un lugar desde el que observar. Cuando nunca has encajado del todo, desarrollas cierta costumbre de mirar las cosas desde fuera. Como si pudieras elevarte unos metros y ver el bosque entero más allá de las ramas.
 

Y desde ahí arriba empiezas a sospechar que quizá las cosas no son tan inevitables; que muchas “normas” son simplemente costumbres con un marketing de masas y que formas distintas de envejecer, de ser pareja, de trabajar, de cuidarse o de tener éxito son perfectamente posibles.
 

Al fin y al cabo, "las cosas siempre han sido así" es una frase que ha envejecido regular.

3. EL SUPERPODER DE CAMBIAR DE FORMA

Paul B. Preciado ha escrito mucho sobre cómo las vidas queer funcionan como laboratorios de experimentación. Las personas trans, no binarias o simplemente no normativas muestran que los cuerpos, las identidades y las formas de presentarnos al mundo son bastante más fluidas y modificables de lo que imaginábamos.
 

Sin pretenderlo demasiado, las personas queer hemos sido a veces una especie de departamento de I+D de la cultura. No porque seamos más modernas (que también) sino porque veníamos de fábrica con una cierta facilidad para la metamorfosis y el cambio.
 

Para retar qué significa ser atractivo, elegir qué partes de nosotros heredadas queríamos mantener y cuáles modificar, modelar cómo nos queremos presentar ante el mundo y relacionarnos con él, … . 

4. EL PODER MÁS IMPORTANTE DE TODOS: CREAR FUTUROS BONITOS

Muchas cosas que hoy parecen “normales” empezaron siendo margen: el divorcio, internet, compartir piso con amigos, ir a terapia, la ropa ajustada o convivir sin casarse.
 

Empezaron siendo rarezas… para acabar siendo norma. Y por eso este quizá sea el mejor superpoder marica. El de crear futuros.
 

Ahora más que nunca.
 

Porque en tiempos de señores muy enfadados en Twitter, tecno-oligarcas, amenazas distópicas y catastrofismos medioambientales; la tentación es rendirse. Pensar que todo va a peor. Que ya está todo inventado. Que las cosas son como son.
 

Pero la historia marica, con todas sus heridas y todas sus fisuras, parece empeñarse en demostrar lo contrario: que siempre hay maneras creativas de reconstruir. Nuevas redes de cuidados; formas más amables de ser hombre, persona, familia y comunidad.
 

En definitiva: la capacidad de imaginar futuros bonitos cuando la cosa se pone un poco chunga.

Y en eso, permitidnos sacar un poco de pecho. Porque si algo sabemos hacer los maricas es crear cosas preciosas y luego convencer al resto del mundo de que también las quiera para sí.

FELIZ ORGULLO

P.D.: El post de esta semana viene patrocinado por una de nuestras primeras creaciones: Handsomefyer SUN. El todo-en-uno para ir 3 niveles más wapo y protegido frente al sol. En la piscina, manifa, terraza o paseíllo.

SUPERPODERES MARICAS

Ser de las siglas no es un superpoder. Pero por una vez al año lo vamos a romantizar.

Porque, si algo hemos aprendido después de unas cuantas décadas de películas de Almodóvar, canciones de Lady Gaga y conversaciones de terraza, es que quizá existen una serie de poderes queer que merece la pena reivindicar.

1. EL PODER DEL GPS INTERNO (O CÓMO ENCONTRAR CAMINOS SIN MAPA)

José Esteban Muñoz hablaba de lo queer como una promesa, como un futuro todavía por llegar. Y, aunque él lo explicaba infinitamente mejor, nosotros nos quedamos con una idea muy de brocha gorda: hay peña que empieza su vida con un plano de Ikea (naces, estudias, te casas, tienes 2,1 hijos y te jubilas) y otra que se monta los muebles y armarios sin instrucciones.
 

Sin demasiados referentes, ni ejemplos en los que inspirarse… desarrollando un cierto gusto por la exploración. O una tolerancia bastante alta a improvisar sobre la marcha.
 

Quizá por eso las familias elegidas, las amistades que son casi hermanos o formas más relajadas de entender la masculinidad no salieron de un comité de expertos ni de una academia, sino de personas haciendo pruebas, equivocándose y buscando sitio. Porque cuando no tienes mapa, acabas desarrollando brújula.

2. EL PODER DE VOLAR (FIGURADAMENTE, SE ENTIENDE)

Bell hooks hablaba del margen como un lugar desde el que observar. Cuando nunca has encajado del todo, desarrollas cierta costumbre de mirar las cosas desde fuera. Como si pudieras elevarte unos metros y ver el bosque entero más allá de las ramas.
 

Y desde ahí arriba empiezas a sospechar que quizá las cosas no son tan inevitables; que muchas “normas” son simplemente costumbres con un marketing de masas y que formas distintas de envejecer, de ser pareja, de trabajar, de cuidarse o de tener éxito son perfectamente posibles.
 

Al fin y al cabo, "las cosas siempre han sido así" es una frase que ha envejecido regular.

3. EL SUPERPODER DE CAMBIAR DE FORMA

Paul B. Preciado ha escrito mucho sobre cómo las vidas queer funcionan como laboratorios de experimentación. Las personas trans, no binarias o simplemente no normativas muestran que los cuerpos, las identidades y las formas de presentarnos al mundo son bastante más fluidas y modificables de lo que imaginábamos.
 

Sin pretenderlo demasiado, las personas queer hemos sido a veces una especie de departamento de I+D de la cultura. No porque seamos más modernas (que también) sino porque veníamos de fábrica con una cierta facilidad para la metamorfosis y el cambio.
 

Para retar qué significa ser atractivo, elegir qué partes de nosotros heredadas queríamos mantener y cuáles modificar, modelar cómo nos queremos presentar ante el mundo y relacionarnos con él…

4. EL PODER MÁS IMPORTANTE DE TODOS: CREAR FUTUROS BONITOS

Muchas cosas que hoy parecen “normales” empezaron siendo margen: el divorcio, internet, compartir piso con amigos, ir a terapia, la ropa ajustada o convivir sin casarse.
 

Empezaron siendo rarezas… para acabar siendo norma. Y por eso este quizá sea el mejor superpoder marica. El de crear futuros.
 

Ahora más que nunca.
 

Porque en tiempos de señores muy enfadados en Twitter, tecno-oligarcas, amenazas distópicas y catastrofismos medioambientales; la tentación es rendirse. Pensar que todo va a peor. Que ya está todo inventado. Que las cosas son como son.
 

Pero la historia marica, con todas sus heridas y todas sus fisuras, parece empeñarse en demostrar lo contrario: que siempre hay maneras creativas de reconstruir. Nuevas redes de cuidados; formas más amables de ser hombre, persona, familia y comunidad.
 

En definitiva: la capacidad de imaginar futuros bonitos cuando la cosa se pone un poco chunga.

Y en eso, permitidnos sacar un poco de pecho. Porque si algo sabemos hacer los maricas es crear cosas preciosas y luego convencer al resto del mundo de que también las quiera para sí.

FELIZ ORGULLO

P.D.: El post de esta semana viene patrocinado por una de nuestras primeras creaciones: Handsomefyer SUN. El todo-en-uno para ir 3 niveles más wapo y protegido frente al sol. En la piscina, manifa, terraza o paseíllo.

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